Hay bastantes cisnes en la mitología griega, así que a cuál se refiere este no está claro.
Una de las historias cuenta que Orfeo, el que descendió al infierno a rescatar a Eurídice y sedujo a los demonios con su música, se transformó en cisne tras su muerte y ahora habita en los cielos. Su lira también debía ser muy virtuosa, porque los dioses también la lanzaron al cielo, pero esta es otra historia y será contada en otra ocasión.
Otra de las historias (por fin, esta no trata de mujeres) habla del rey de Liguria, Cicno. Estaba muy unido a su hermanastro Faetón (según otras versiones, era su amante, lo cual seguro que es más real y lo del hermanastro se lo inventó San Agustín o algún otro padre de la iglesia. Vamos a quedarnos con lo del amante). Faetón era hijo de Helios, y le gustaba mucho alardear de ello, pero nadie le creía, por lo que fuera. Así que fue a llorarle a su padre y este le dijo que vale, que le daría lo que pidiese para que le creyeran. La ocurrencia de Faetón fue conducir el carro solar por un día, y así sin carné ni nada, le dejó hacerlo.
Para sorpresa de nadie, no pudo controlar el carro. Primero voló demasiado alto, y, hala, glaciación. Luego bajó demasiado, y, hala, desierto del Sahara. También quemó la piel de los etíopes y los volvió negros, inaugurando varios milenios de racismo. Al final Zeus lo paró en seco, pero claro, el carro estaba desbocado y Faetón acabó muriendo.
Volviendo a Cicno, cuando le llegaron noticias de la muerte de Faetón se quedó desolado. Porque era un inconsciente pero también merecía amor. Todos los días iba a llorarle al río, hasta que llegó a viejo y, apiadándose de él, los dioses transformaron sus cabellos blancos en plumas, le convirtieron en cisne, y lo pusieron en el cielo.
La última historia hace referencia a una de las formas que tomó Zeus para seducir a una mujer, en este caso a Leda, reina de Esparta. Esta estaba casada con el rey Tindáreo, y la misma noche yació con los dos. Supongo que por el hecho de haberse acostado con un cisne, se convirtió en ovípara y puso dos huevos: uno con los hijos de Zeus, inmortales, y otro con los hijos de Tindáreo, mortales. Dos de estos hijos fueron Cástor y Pólux, nacidos de huevos distintos pero inmortalizados como gemelos (pero esta es otra constelación, y será contada en otra ocasión). La otra que nació del huevo de Zeus fue Helena.

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