La lira

 


La lira que se encuentra en los cielos perteneció un día a Orfeo. Se dice que fue la primera lira que se fabricó, entregada a Apolo por Hermes, y más tarde a Orfeo, su hijo.
Este la sabía tocar tan bien que todo se detenía con su música, y era capaz de amansar fieras salvajes e incluso hacer bailar a las rocas (¿quizá Orfeo inventó el rock & roll? Ahí lo dejo)

Al volver de la expedición con los argonautas, Orfeo se casó con la ninfa Eurídice. Y pensaron que serían felices y comerían perdices, pero una serpiente se puso entre los dos, matando con su veneno a Eurídice. Apenado por su muerte, Orfeo decidió bajar al infierno a buscarla. 
Lo primero que hizo fue calmar, usando la lira, a Cerbero y a todos los guardianes del Inframundo, hasta que llegó a donde habitan Hades y Perséfone. Allí, les ablandó con su música, y le dijeron que consentirían que Eurídice volviera al mundo de los vivos.

Pero con una condición, porque los dioses son así de caprichosos, y no van a consentir que te salgas con la tuya así de fácil. Orfeo no debía mirar ni una vez a Eurídice mientras aún estuviera en el Inframundo, y, si lo hacía, esta se desvanecería para siempre. No morir, no. Desvanecerse. No irse a reunirse con su creador, sino perderse para siempre en el olvido. Auf wiedersehen. Adieu. Sayonara, baby.

Orfeo obedeció fielmente esta orden hasta que estuvo totalmente en el exterior. Allí, ya no pudo más, y suponiendo (como todos los hombres suponen) que si él estaba ya a salvo, Eurídice también lo estaría, se giró. Pero, vaya, ella todavía tenía un pie en el inframundo. Así que se desvaneció en el aire, esta vez para siempre. Y los dioses, apenados, colocaron su lira en el cielo.
Apenados pero no mucho.
Que bien podían haberle devuelto a Eurídice.
Pero no.
Porque qué gracia tiene entonces.

Respecto a este mito de echar la vista atrás cuando te han dicho que no lo hagas, hay una referencia similar en el Antiguo Testamento, la historia de cómo la esposa de Lot (ni nombre tenía la pobre), se giró cuando huían de Gomorra (¿o tal vez de Sodoma?) y fue convertida en una estatua de sal. Veo ahí un patrón a investigar. Los dioses y sus condiciones que saben que los humanos no van a cumplir.

Y Offenbach, muchos años después de este mito, decidió dedicarle una opereta, "Orfeo en los infiernos". No sé yo si esto se puede tocar con la lira, pero sí que es como para levantar a las piedras.




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